El pensamiento crítico ante las automatizaciones

Del miedo a ser reemplazados por las máquinas a la confianza ciega en los resultados automáticos. La tendencia a dejar de pensar.

Hace ya unos meses que venimos desarrollando este tema tan interesante. Primero, analizamos el valor del pensamiento crítico a la Argentina, que nos obliga a reflexionar y a tomar decisiones a toda velocidad, en un ambiente de negocios cambiante y siempre turbulento. Y ahora, con el mismo criterio, nos preocupa la toma de decisiones en los nuevos ambientes sistematizados.

Parecería que, en cierto sentido, tanto el caos como el orden son razones suficientes para dejar de pensar. El caos abruma. El orden, relaja.

Y en la búsqueda del orden y la eficiencia, la automatización de procesos está transformando la forma en que las empresas trabajan. ¿Pero qué sucede, mientras tanto, con las personas? Lo que en un principio generaba temor por el posible reemplazo de tareas humanas, hoy genera otro tipo de riesgo: la pérdida del pensamiento crítico. En muchos equipos, se ha instalado la idea de que todo lo que surge de un sistema es “la verdad absoluta”. Las personas dejan de cuestionar, de analizar, y terminan normalizando errores simplemente porque provienen de procesos automáticos.

Esta tendencia, cada vez más visible, debilita la capacidad de análisis y el sentido de responsabilidad individual. Si el sistema lo dice, se asume correcto. Pero la automatización no reemplaza el juicio profesional: al contrario, lo vuelve cada vez más necesario. Por eso, el desafío actual no es resistir la automatización, sino aprender a convivir con ella sin perder la capacidad de pensar.

Las empresas deben trabajar para fortalecer en sus equipos el pensamiento divergente, el análisis de segundo y tercer grado, y la reflexión crítica frente a los resultados que arrojan las herramientas automáticas. El área de Recursos Humanos juega un papel clave: promover programas de capacitación que integren habilidades técnicas con habilidades blandas, fomentando la curiosidad, la duda razonable y la capacidad de interpretar más allá del dato. Y también, por qué no, la posibilidad de cuestionar la forma en que se automatiza, sobre todo cuando los resultados que se obtienen no cumplen con los objetivos buscados de rapidez, precisión y eficiencia.

El profesional del futuro —y ya, del presente— es aquel que domina la tecnología, pero que no delega su criterio en ella. Cultivar la mirada analítica, la escucha atenta y el pensamiento crítico son la mejor manera de asegurar que la automatización sea un aliado del progreso y no una excusa para dejar de pensar.

No perdamos la capacidad de pensar y de ser críticos de la realidad.

1 de noviembre de 2025

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